24 sept. 2008

El caché de las víctimas

Cuando las víctimas son tratadas como asuntos de Estado se convierten en peleles burocráticos en manos de los políticos. Me estremece (bueno, tampoco es para tanto) el uso del dolor ajeno en nombre de una patria, un cargo político o un sillón tecnocráta. Otro funeral de Estado, otros minutos de silencio, otro entierro multitudinario, otra víctima ajena (casi todas lo son, menos la de un puñado de allegados) convertida en "nuestra". Y luego para que, pasados los años, los parlamentarios del PP estallen a carcajadas cuando les echan en cara el tratamiento del gobierno de Aznar y Trillo en el accidente del Yak-42 en Turquía. ¡Ja, ja, ja! Retumba el parlamento. ¡Je, je, je! 75 muertos (aunque ellos hablan de 62 porque los otros eran de fuera, no cuentan, no valen) ¡Ji, ji, ji! Cuerpos enterrados a toda prisa sin identificar ¡Jo, jo, jo! España a media asta pero es que a nosotros ¡ju, ju, ju! todo esto ¡ja, ja, ja!
Y es que, cuando los muertos no interesan, el monstruo institucional se encarga de esconderlos, de minimizarlos. Pasó aquí en Valencia con los 43 muertos del accidente en el metro Jesús. Molestan, huelen mal, señalan culpables incómodos. Para los políticos (raza carroñera) los muertos sólo interesan si pueden rentabilizarlos en defensa de sus intereses convenientes. Si sirven, sacamos el moco y abrazamos a la viuda. Si no, directamente a la basura. Víctimas de Estado, vayan con cuidado. Os están utilizando.

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