27 feb. 2008

¿Se puede hacer una revista así?

Divulgativa sin ser banal
Instruída sin resultar petulante
Arriesgada sin ser pretenciosa
Crítica sin resultar quejumbrosa
Seria sin ser solemne
Entretenida sin resultar trivial.

26 feb. 2008

Apología del bostezo (Igor Sosa)

(Aunque la elección del nombre de la revista responde a otros criterios, encontramos este artículo de Igor Sosa por la güeb que nos reforzó la idea... aquí os lo presentamos)

A lo largo de toda nuestra cultura occidental, tan dada ella a la elucubración abstracta y la pirueta intelectual intrascendente, tan macerada en disquisiciones y descreída en sus principios, hay un damnificado de primer orden, un olvidado por teólogos y filósofos, por escritores y escultores, por políticos y periodistas: el bostezo. Porque, veamos, con la mano en el pecho: ¿qué sabemos del bostezo? ¿Se ha parado alguna vez usted, lector, a considerar el bostezo en su propia esencia, el bostezo sin adherencias, el bostezo, pues, en estado puro? Ni siquiera la Santa Madre Iglesia que durante tanto tiempo nos ha iluminado en los entresijos más estrambóticos de nuestra existencia parece haber tenido consideración alguna con el bostezo. Durante siglos la Iglesia condenó la risa y persiguió la comedia como prácticas peligrosas, tentadoras de los sentidos y poco proclives a inculcar la «contritio cordis» que de todo buen cristiano se espera. Pero ¿y el bostezo?, ¿algún padre de la Iglesia nos ha dejado algo escrito sobre achaques de bostezos? ¿Alguna página, alguna taxonomía de la «Summa theologica» de Santo Tomás dedicada al bostezo? Nada, absolutamente nada. La existencia ignorada del bostezo se demuestra sin ir más lejos en que ni siquiera los autores con páginas más rocambolescas le dedican un mísero relato. Kafka, que dedicó sabrosas páginas a «El artista del hambre», ¿se paró a escribir siquiera unas líneas al «artista del bostezo»? Es más: cuando «Tip y Coll» ideaban aquel «sketch» glorioso sobre las instrucciones para llenar un vaso de agua, ¿se les ocurrió elaborar también un manual para el bostezo? Y, sin embargo, la taxonomía del bostezo revela tipos variados y manifestaciones multiformes de una práctica que iguala razas, sexos, religiones y clases sociales; práctica, pues, ecuménica y democrática. Existe el bostezo tradicional, con su apertura desmesurada de boca, su exhibición de dientes, muelas, paladar, lengua y, en su caso, úvula, manifestación biológica de cansancio o sencillamente aburrimiento. Por si fuera poco, el bostezo es contumaz, transgresor, juguetón, inquietante y afanado en hacer acto de presencia en aquellos momentos donde su aparición es entendida lisa y llanamente como agravio imperdonable: esa conferencia sobre los beneficios de las aguas termales, ese concierto de música tradicional finlandesa al que nos han invitado, esa conversación con la novia sobre el color de los sofás del futuro hogar común... Y existe el bostezo de nerviosismo, bostezo postizo (postezo se podría llamar), especie de conato bostecil, cuya misión, liberarnos de las tensiones, le hace convertirse en el fondo en sombra de sí mismo... ¿Y qué decir del bostezo reprimido, atenazado? Ese suave vibrar de las aletas de la nariz, ese estirarse para controlar su descabalgamiento, esa boca apretada consiguen metamorfosear el rostro más adusto en una especie de gárgola de catedral gótica. Sinceramente, ¿se merece el bostezo este ninguneo secular?

24 feb. 2008

El futuro de África

Ya se sabe que el periodismo (y en especial el deportivo) está plagado de manidos clichés, afirmación que de algún modo supone un cliché per se. Como ese que desde hace dos décadas viene augurando que el futuro del fútbol se encuentra en África. Cada vez que se celebra una Copa africana o se avecina un Mundial de Fútbol se apunta hacia esa dirección. O sea, que mientras el futuro del continente se desparrama en baremos económicos, sanitarios, medioambientales o en esperanza de vida, resulta que el porvenir futbolístico es suyo. ¿Significa entonces que el futuro de África está en el fútbol? ¿Será cierto o nomás un guiño compasivo ante la agonía africana, como las aseveraciones de que las sonrisas de sus niños son especiales o que la dulzura de sus gentes es inigualable? Hasta donde yo sé ninguna selección africana ha realizado un papel estelar en ningún Mundial, salvo hazañas esporádicas juzgadas desde el exotismo más folklórico. Por otro lado si la Copa de África merece alguna cobertura mediática es porque nuestros clubes se ven obligados a ceder futbolistas a sus selecciones. El próximo mundial (FIFA mediante) se celebrará en Sudáfrica, un buen escaparate para que un puñado de futbolistas africanos puedan cumplir su sueño: marcharse de África. Ojalá algún día los niños europeos anhelen vestir los colores del club ghanés Asante Kotovo o el tunecino Etoile du Sahel y los principales medios de comunicación tengan a bien publicar la clasificación de potentes campeonatos como el nigeriano o el camerunés. Aunque quizás hubiéramos de ocuparnos primero del futuro de África, sinceramente, una cuestión que, a día de hoy, nos preocupa mucho menos que el futuro del fútbol. “¡Pues claro!” (con voz de hincha del Atleti).

21 feb. 2008

Arranca la campaña pre-electoral


Agotados de esperar el fin (himno)

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Imagen y audio no coinciden, suenan desafinados, penosa grabación (que acaba antes de tiempo), volumen desfasado... aún así, flipad con el ambientillo en este concierto de Los Ilegales. ¿Cómo acabaría aquella noche la chica que grazna en primera fila? ¿Qué estará haciendo ahora?

20 feb. 2008

Tormenta de ideas

Uno de los insignes colaboradores de la revista nos ha enviado una serie de "ocurrencias". Las publico aquí como posible abono de reflexiones al respecto...

1. ¿Para que otra cosa sirven los genitales además de para un uso históricamente normativo?
2. La institucionalización de la banalidad ¿el fascismo del futuro?
3. El aburrimiento como forma de lucha cultural
4..Louis Ferdinand Celine: el fascista inteligente
5. La tormenta de una escritura silenciosa: Julien Gracq
6. Todos imbéciles. Genealogía del poder cultural dominante
7. El cuerpo errante. Exilio, inmigración, enfermedad
8. Acerca del dolor
9. Patologías culturales del siglo XXI
10. El miedo y la nuevas membranas sociales del siglo XXI

Rebuscado epígrafe para recapacitar

La bondad de una tragedia se comprueba por su contraposición a la ironía y la vulgaridad, pudiendo absorber dentro de ella alguna de estas cosas y continuar siendo tragedia (I.A. Richards)

18 feb. 2008

Despertares...

Hubo un tiempo (cuestión de meses) en los que me dio por pensar que cada vez que me dormía ya no despertaría. Intuición onírica, una mosca en mi almohada, cosquilleo ciclotímico del que no sabe si desea morir en la profundidad del sueño. Por si acaso, antes de dormirme, dejaba mis cachivaches ordenados (algo totalmente inaudito), una carta bajo la almohada con un pasatiempos incompleto dentro y la Biblia abierta por San Pedro (pensaba que le daría un toque excéntrico a mi obituario). Nunca le confesé a nadie aquel presagio, ni siquiera a Ariadna, la chilanga con la que por aquel entonces compartía cama y mal aliento. Eso sí: la penetraba como nunca, como si fuese la última vez que lo hiciera. Después me dormía, no sin antes fumarme un cigarro con sabor a despedida. En penumbra, imaginaba mi entierro con canciones de The Pogues en el sepelio. Cerraba los ojos sonriendo, y fingía mirada de ultratumba. Cruzaba los brazos sobre mi pecho, ridículo gesto que en aquel momento interpretaba como ritual adecuado. Imaginaba a Ariadna descubriéndome cadáver al amanecer, su cara estupefacta (qué fea eras por las mañanas), avisando a mi familia, y la ambulancia, y el juez, y la sospecha de que ella me hubiese envenenado, y mi tedioso entierro. Mira que les avisé que no quería sermón ni cura, sólo The Pogues, mucha sangría y pocos versos.
Despertaba de mal humor. Reconocerme vivo me provocaba un malestar que transportaba durante el día. Salía temprano a la calle, en pijama y coléricas legañas. Con gestos de superviviente y barbas de naufrago caminaba hasta el Zócalo (en aquella época rentábamos un cuarto en la calle Allende). Tocaba el cambio de turno del personal de limpieza, desayunando tequila en la ciudad de la esperanza. Buscaba que el ritmo de mis pasos fuera diferente a los de la muchedumbre, levantaba la falda con la mirada a las adolescentes, ignoraba a indios y mendigos. Repudiaba a los viejos que caminaban doblados, buscando en el concreto un lugar donde cavar su agujero. Me plantaba en medio de la plaza, centro energético del cosmos según las guías turísticas del Distrito. Y dudaba de seguir vivo, de que alguien lo hubiese estado en algún momento. ¿Y si todo fuese una ilusión óptica, un espectro gigantesco? En el siglo XVII unos escribas rumanos interpretaron el Génesis en versión somnolienta: cuando Dios descansó ya no se volvió a despertar. El resto sólo es el reflejo de su sueño infinito. Dios existe, ¿pero existimos nosotros?
La realidad se difuminaba, menguaba a cada paso. Hojeaba las portadas de los diarios, las noticias de siempre: marines en Irak, el fondo monetario internacional, el homicida múltiple de Manhatan, un terremoto al norte de Pakistán. Ficción. Entraba en la Catedral, clavaba la ojeriza mirada en sus paredes homicidas de templos aztecas que, a su vez, fueron construidos sobre las ruinas de civilizaciones anteriores. Ceremonia destructiva. Tautología de la Historia acontecida en capas superpuestas, donde idénticos zánganos crearon los mismos dioses con diferentes nombres para paliar la infinita zozobra de saberse suspendidos en la inconsistencia del vacío. Secuencias reincidentes, calcadas consecuencias. ¿La Historia se repite o fue siempre la misma? ¿Cuánto tiempo llevaba observando la bóveda de la Catedral: dos minutos, seis quizás, siete días, dos meses, un millón de años? Mil maha-yugas es un kalpa. Quietud cíclica como resultado de multiplicar el movimiento inerte por el tiempo dividido entre la velocidad empleada en enterarnos. Si lo pensó Borges lo pensamos nosotros, pensaría Borges y también nosotros (petulancia de falso erudito).
Recordaba entonces los senos de Ariadna, sus pezones de veinte pesos. Sería mejor si regresara a casa. Caminaba por calles con nombres de países centroamericanos, las más pestilentes del centro. Malolientes cantinas, mesalinas apestosas, tianguis atestados. Tanta hediondez calaba en mis agravios. Voces internas me exigían regresar al espacio exterior donde la razón todavía guardaba justificaciones y caían los días en el calendario. ¿Para qué?, les imploraba. Una picarona prostituta de doce años me aconsejaba que no les hiciera caso, que volviese a mi refugio. Agradecido, le prometía que un día emplearía el tiempo en crear un centro de apoyo a los irredentos que les ayudará en su reinserción social para convertirlos en serviles obreros o disciplinados soldados dispuestos a trabajar por cuarenta y ochos pesos diarios, salario mínimo regulado por el distinguido Ministerio del Trabajo. Hoy no, otro día, te lo prometo.
Cuando llegaba a casa, Ariadna ya había salido a su trabajo de mesera en un restaurante de comida libanesa en la calle Orizaba, chamba con la que mantenía mi neurastenia (¿dónde andarás mecenas? Si lees esto, por favor, llama). Pasaba las tardes en la estéril vorágine de las horas muertas. Me leía un libro, un café me sorbía, me consumían los cigarros, me escuchaba Iván Ferreiro. Me sobraban horas en el reloj estropeado. A través del microondas accedía a espacios fosforescentes donde estaba de moda decir la verdad y pasear en bicicleta. Una sociedad perfecta de seres esquilmados por la profusión sincera de sus más lóbregos pensamientos. El gobierno del lugar promovía la verdad como arma arrojadiza con la que mantenía atemorizada a la población. Revoltosos activistas eran encarcelados por promover cambios sociales a través de la recuperación de su restringido derecho a proferir mentiras. Grupúsculos armados combatían al ejército que defendía la verdad contra la mentira insurgente, que abogaba que otro mundo mejor todavía era posible. Aquel mismo día, un hombre había hecho estallar una bicicleta-bomba frente al Ministerio de la Certeza. Otros preferían pedalear hasta un acantilado cercano, incapaces de soportar la verdad constante, la verdad plúmbea, la incorruptible verdad. Hemos nacido para nada, deja lo que estés haciendo, se escuchaba en los altavoces colocados en las calles por el comité de la Sinceridad Suprema, órgano religioso de aquel espacio fosforescente del que regresaba cuando Ariadna entraba por la puerta.
“¿Qué? Otro día poniendo orden al Universo”, me decía con socarrona ternura mientras lanzaba su gabardina al suelo. Sin pedir permiso, se recostaba a mi lado en el diván. El molesto roce de su piel me devolvía a la vida por un momento. Cenábamos comida libanesa que ella robaba a unos cristianos de Beirut. Mientras, me narraba con ojos asustados su huída de aquel día. Ariadna sufría de manía persecutoria, una psicosis que me parecía divertida. Caminaba zigzagueante las aceras para despistar a sus fantasmas. Se sentía perseguida por fotógrafos de National Geografic, hordas de ambulantes o sucios gatos que le esperaban a la salida del trabajo. Le aconsejaba que anduviera de espaldas y que tuviera cuidado al doblar las esquinas. Después de cenar, Ariadna susurraba sus quejas por miedo a que las escucharan sus perseguidores. Levantaba discreta sus talones al caminar hasta la cocina donde, sin prender la luz, disolvía su vida en pastillas. Discreta presencia del que huye para no estar más consigo.
Después, otra noche: último polvo, último cigarro, mirada de ultratumba y la Biblia abierta por San Pedro. Mañana despertaría muerto. Aquella sensación fue pasajera -tres o cuatro meses- días felices comparados con éstos, en los que he aceptado el trato: yo ya no pienso y ellos me pagan un sueldo. Desde entonces sufro insomnio. No por miedo a dormir y morir en el sueño, si no por lo contrario: detesto asumir que muero y abrir los ojos de nuevo. Equilibrista dando brincos en cuerda floja sobre el abismo, la agridulce congoja de saberse vivo. Eso que otros llaman futuro.

17 feb. 2008

el lado más bestia de la vida

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Sobre cócteles

Me gustaría saber fingir con mayor naturalidad. Esto que debiera sonar a oximoron (¿o será pleonasmo?) me vendría bien para soportar con arrojo una de las tareas menos gratificantes de este oficio en el que me he embaucado: la asistencia a cócteles de corte cultural, a los que tengo a bien acudir para la búsqueda de posibles colaboradores para la revista y hacer visible a la misma. Antes los soportaba adoptando una postura cínica-crítica, lo cual no deja de ser una pose apocalíptica para la única función que les otorga algún sentido práctico: en(tre)lazarse con gentes con parecidos (des)propósitos. No me será fácil vivir esa farsa con entusiasmo, mostrarme ante el escaparate cultural disfrazado de una apariencia que disimule debilidades. Tendría que comprarme un manual de saberse vender. Entre otras cuestiones, hace tiempo que las conversaciones colectivas me resultan triviales; le saco más jugo a un interlocutor en un careo. Por otra parte, sólo me interesa platicar con gente desenmascarada –despojada de oropeles- y este mundillo es uno de los más ornamentados que existen. Obligados a tomar posiciones, a trepar hacia una cúspide reservada para unos pocos (y somos muchos los escaladores), en esos ambientes se tiende a disimular carencias y exagerar virtudes.
¿Qué hacer pues? Una opción válida sería emborracharme cada vez que me viera obligado a asistir a alguno de ellos. Pero el alcohol suele sacar mi parte más batracia y sin duda sería un factor negativo para el-qué-dirán de la revista. Claro que, hasta ahora, el único placer que había sacado a los cócteles había sido el de ponerme hasta las chanclas de alcohol y atiborrarme de canapés. En el DF me estudiaba la lista de saraos culturales en una guía de la ciudad y acudía con la única intención de buscar algo de cenar; por suerte, vivía en la colonia Roma, atestada de museos y guettos artísticos. Casi siempre solía coincidir con una joven promesa literaria a la que admiraba por el desparpajo con el que se movía por aquellos andurriales. Mientras yo me dedicaba a lamer los culos de las botellas de champagne, él se ocupaba en lamer otros: aquéllos que aumentarían su estatus en el corral literario. Hace unos meses, acudí a la presentación de su primer poemario en una importante editorial mexicana. Aquella noche, atiborrado de tragos y desazón, con necio rostro en imbécil cara, me contenté con abordarle para solicitarle que autografiara una obra de otro autor e imploré (con voz trémula) a su editor que me publicara una antología de haikus de cuatro versos. Noté sus miradas estupefactas de efímera atención. Acabé vomitando onomatopeyas en los baños de un café al que no he vuelto desde entonces. Aunque lamentable aquello fue divertido. Sin embargo, a partir de ahora deberé de forzar cierta compostura que otorgue una apariencia respetable a la revista (apariencia, apariencia, ¡maldita apariencia!). ¿Se podrá editar una revista ignorando lo superfluo que rodea estos ambientes? No hay duda que en una atmósfera cultural saturada de propuestas, la visibilidad es una de las condiciones sin-las-cuales-no. Y sólo para eso existen los cócteles.

Brigada de pulcritud ortográfica

Bostezo siente una fuerte responsabilidad hacia la corrección ortográfica en sus contenidos. Para ello, contamos con una minuciosa brigada de correctores, dispuestos a dar fe de las erratas que pudieran entrometerse en la revista. Aquí les vemos, en un rol-playing durante su período de pruebas, detectando un grave error en zona veraniega. Fíjense en sus rostros de satisfación ante el hallazgo.

16 feb. 2008

Cada vez entiendo mejor estos versos...

Indiferente a todo lo visible
ni el mal me atrae, ni ante el bien me extasio,
como si dentro de mi ser llevara
el cadáver de un Dios, ¡de mi entusiasmo!
Libre de abrumadoras ambiciones,
soporto de la vida el rudo fardo,
porque me alienta el formidable orgullo
de vivir, ni envidioso ni envidiado,
persiguiendo fantásticas visiones,
mientras se arrastran otros por el fango
para extraer un átomo de oro
del fondo pestilente de un pantano.

(Extracto del poema Autobiografía, del poeta cubano Julián del Casal (1863-1893), amigo de Ruben Darío, espíritu meláncolico y muerto de risa. Se puede visitar su museo en La Habana, derruido como su recuerdo)

15 feb. 2008

Ricky Rubio, que cumplirá 25 años en el 2015

Sergeij Iovaisha
"Nadie sabe muy bien qué habrás visto por entonces, si descomponerse el mundo hecho confeti, si algún eufórico Apocalipsis del comercio o la mera continuación cotidiana de nuestras desdichas. Habrás alzado copas probablemente, lucido las preceptivas medallas, saludado desde las portadas con tu gesto de niño sabio, o quién sabe, de campeón anciano prematuro. Te habrás acomodado en los Estados Unidos, tal vez, rodeado de desiertos y rascacielos, de lustrosas animadoras, temporeros, hamburguesas, aeropuertos. Casi da miedo pensarlo, Ricky Rubio, será el año 2015 y tú tan sólo tendrás veinticinco años. Ya podrás hablar con la prensa, defenderte con la consabida retahíla de evidencias ante periodistas también empeñados u obligados a preguntar lo mismo. Ya habrás disputado –honrando a Zeus, a la patria (¿cuál?) o al dinero –algunos Juegos Olímpicos o varios, con los éxitos, con los anuncios publicitarios, con las desgracias. Habrás conocido –ójala no—algún contratiempo físico y también con certeza algún amor equilibrado, hogareño o alguna deportiva decepción. Y sentirás el peso de la historia sin duda, con los ilustres nombres a los que te compararán constantemente, con engreídos ídolos que crecerán en la memoria y otros héroes anónimos disputándose el olvido. Se te disputarán también a ti las grandes marcas con homicida desvelo, con promesas desmesuradas de proyección, pensiones, salud en los tobillos, sueldos eternos. Será el año 2015, y quizás el baloncesto sea lo de menos, una promisión absurdamente infinita o el tiempo medio antes de convertirte en jugador leyenda. Muchos niños en muchos barrios quizás querrán parecerse a ti. Poco debe importarte ahora, Ricky Rubio. Has ganado la Copa del Rey de España, esa nación. Un torneo prestigioso, del mejor baloncesto del mundo. Y con tu club, el que enamoró a toda una generación de niñas, y emociona a toda una generación de viejos. Tu equipo de toda una corta vida, de momento, que tan bien lo merecía, a las órdenes de ese magno Alejandro, que ya algo pactó con el Diablo en no sé que piezas, en no sé que remoto pasado. En fin, ¿qué te importa a ti, Ricky Rubio, si la juventud es eso, sólo pensar siempre “ahora” en ausencia de otros momentos? ¿Y a nosotros, que a lo mejor no nos toca ni siquiera vivir?"

13 feb. 2008

Reflexiones en voz alta

Está creciendo algo… el encuentro con el primer número de una revista es como Paqui definiría la gestación de un crío: una cita a ciegas. Me llama Dani desde Argel para comentarme que ya ha hablado con Kamel, periodista argelino de Le Quotidien d´Orán. Hemos quedado en Orán en el mes de abril. Perfecto. Es absolutamente imprescindible contar con otras voces, otras culturas, otras gentes… como apuntó Jenny la otra noche, la revista sólo valdrá la pena si nos despojamos de legañas etnocentristas, aun siendo conscientes del terruño del que partimos.Vicente Ponce me comparte una lista de colaboradores y me aconseja que piense bien en cómo dirigirme a ellos. Se trata de convencer, de hacerse creíble, que aunque uno esté muy seguro de que esto va en serio, no será suficiente. Pienso en esto camino de un ayuntamiento donde el onírico proyecto de traducir Estellés al vasco se perderá en irremediables vericuetos burocráticos. En la estación de Ademuz me encuentro con Antonio que está fregando -con mocho y cubo- la estación de metro para dar ejemplo a la ciudadanía (quien no conozca a Antonio esto le sonará a marciano). Nos acompañamos hasta Paterna. Me comenta que está preparando un golpe de estado. Esta misma mañana se presentará ante los Juzgados de Paz para solicitar una entrevista en Madrid con el Fiscal Anticorrupción con el fin de solicitarle la ilegalización del Partido Popular y el PSOE. "Me parece lógico", apostilla. Lo dejo en las puertas del juzgado, me dice que cuenta conmigo para el puesto de Director General de Seguridad Nacional. Acepto encantado. Posterior encuentro con Rosario que me da un baño de realidad que me recuerda que la revista no debe quedar incrustrada en un guetto intelectual ajeno a lo que está pasando en la calle ni emplear un lenguaje lo suficientemente ininteligible para que, por incomprensible, suene interesante. ¿Podremos hacer una revista cultural a partir de un rigor dicharachero o tendremos que caer necesariamente en una solemnidad plomiza y autocomplaciente? ¿Podremos ser divulgativos sin resultar banales?
Después, debate sobre si la literatura social debe ser respaldada por su condición literaria o por su condición social (y cómo combinar ambas). Porque hay gente que no tiene nada que contar pero lo sabe contar muy bien y otros con más experiencias más interesantes pero que no saben cómo contarlas (¿qué hacemos con eso? ¿Algo tendrá que decir una revista que se llama Bostezo, no?)… ¿acaso la forma debe imponerse siempre sobre el fondo? ¿Qué hacemos con la transmisión de conocimientos de los que no cuentan con las suficientes herramientas para transmitirlos? Como respuesta, os remito al primer número de la revista. Sólo ella nos dirá si supimos integrar las dispersas nociones que engloban ese concepto indefinible que entendemos por cultura…

Casa previa del mundo (Quique Falcón)

Con costales de arena en la casa previa del mundo
se les golpea los riñones. Con costales de arena.

Altos como visiones y más grandes que dos estrellas dulces
y aplacadas,
así pasan por sus lenguas las puntas de sus cuernos.

(En su solo ser nervio todos tienen nombre.
En la casa que conduce previamente hasta el mundo).

Purgados con sulfato de sosa para provocarles diarreas,
aturdidos con el inmovilón que los deja mermados,
–se les recorta las puntas de los cuernos
se les golpea en los riñones con costales de arena
(se les patea los testículos)
y todo ocurre en la parte silenciosa de la casa previa al mundo.

Cuando aún no tienen nombre


(del poemario Porción del enemigo, todavía inédito. Quique Falcón es colaborador de la revista Bostezo)

Se ofrecen bailarinas alemanas

Me he ofrecido como manager de este par de bailarinas alemanas que se encuentran en la Península Ibérica con intención de embarcarse en gira artística. Así que si os interesa contratarlas para bolos, velorios, verbenas o festivales, sólo tenéis que decirmelo. Precio: 0 euros (negociable). Aquí las vemos al finalizar su actuación en Catacumba 2007. (Foto: Sergio Inclán)

12 feb. 2008

Ciclo "Noches de vino y cine"

Del 22 al 27 de febrero
MUVIM (Valencia)

Cine y vino, combinación perfecta. Aunque el título del ciclo pueda llevar a engaño, las conferencias y proyecciones serán por la tarde. Se proyectarán películas como Providence (Alain Resnais), Entre copas (Alexander Payne), Cuento de otoño (Erich Romer) o Noche de vino tinto (José María Nunes). La inscripción es gratuita. Para más info y matriculaciones: matriculescinema.muvim@dival.es o 963883772

Revista Bostezo (comentada por un trol)

Estamos trajinando una revista, un revista consagrada al arte y el pensamiento (¡vaya rollo!); una revista innovadora (¿otra?); una revista plural e internacionalista (seguro que sólo participan sus amiguetes); una revista plural e internacionalista en formato papel (¿no sería mejor on-line?); una revista innovadora en formato papel que sea un compendio de todas las revistas que existieron, existentes y por existir (¡qué flipaos!); una revista que sea continuación de los tres números de la revista Destiempo que, entre 1934 y 1935, editaron Borges y Bioy Casares (¡y encima van de eruditos!); una revista donde daremos importancia a los asuntos trascendentes pero dejaremos un hueco al cuestionamiento de la trascendencia de los asuntos importantes (¿cómo?); una revista para la que contamos con un amplio abanico de profesionales de reconocido prestigio (seguro que no conozco a ninguno), y para la que estamos abiertos a colaboradores dentro del diverso campo de las artes y el pensamiento (pues que no cuenten conmigo). Más información en: revistabostezo@gmail.com

Esperantistas, erre que erre

ENCUENTRO INTERNACIONAL EN BENICASSIM, DEL 14 al 16 de marzo
A pesar de las más que evidentes dificultades, los irredentos esperantistas continúan empeñados en demostrarnos las virtudes socio-lingüísticas de su idioma como lengua vehicular de la humanidad. El mes que viene se juntan en la localidad castellonense de Benicassim. Podéis consultar el programa en www.esperanto.cat. Menos misa habrá de todo: astronomía, cine, música, libros, conferencias y (¡cómo no!) paella colectiva. También un taller de introducción al esperanto. Para los inscritos habrá alojamiento gratuito en una escuela de la localidad. No importa que no hables esperanto, los esperantistas suelen ser muy receptivos a los neófitos. ¡Por allí andaremos!

Cibor Miudo (de Ruca Bourbon)


Nueva promesa del cine mediterráneo


Hemos rescatado esta imágen del gran actor Javi Gurruchaga, en su debut ante las cámaras. Tuvo su cameo en La maldición de los hombres triángulo, de Pablo Llorens...

11 feb. 2008

Sexo en el tablero



A modo de reflexión (¿demagógica?): si el ajedrez es un deporte mental, ¿por qué existen categorías masculina y femenina? Cliquen y lean...

¡Poetas a Punta Umbría!

XV Encuentro Internacional de Editores Alternativos (EDITA)
Punta Umbría, Huelva
del 30 de abril al 3 de mayo de 2008

EDITA llega a su décimoquinta edición. Recomendable para el que quiera estar al tanto de lo que se cuece en la siempre resquebrajante escena poética. Cuatro días para compartir versos y tragos con su flor y nata (lo mejorcito de cada barrio). Os iremos poniendo al tanto de actuaciones y los cotilleos del mundillo literario, que sabemos que os interesan mucho más que leer poesía. Para más info: Uberto Stabile (edita.edita@hotmail.com)

Hector Arnau regresa a Valencia



El próximo 20 de febrero, el poeta licantropo Hector Arnau regresa a los escenarios valencianos; será en el café del Duende (C/Turia, 62). Después de triunfar en México y Portugal, Arnau representará Nuevo amanecer del activismo folklórico ante sus incondicionales y amiguetes, que tanto gustan de sacar defectillos a sus actuaciones... ¡No se la pierdan!

Mi santa preferida



Santa Quiteria posando con su perro Óscar (abajo a la derecha) en la parroquia de Sorihuela de Guadalimar, provincia de Jaen. Si deseas recibir más información sobre el perro, escribeme...

La vida postuma

Alguien dijo –empieza por K.- que uno debería escribir como si ya estuviese muerto. Sé que es de mala educación (además de una petulancia) iniciar una crónica con una frase plagiada, y ni siquiera citar el nombre completo de su autor. Pero es que el siguiente texto está escrito desde la sinvergonzonería y la petulancia (ambas imprescindibles para acometer el inexplicable acto de escribir).
Hay palabras que en su significante interpretan a la perfección su significado. Petulancia es una de ellas, también obsoleto, cochambroso o furúnculo. Con otras ocurre lo contrario, como diáfano y perspicuo. O deleznable, cuyo significante está tan alejado de su significado que ha acabado significando otra cosa (todavía no aceptada por los académicos). O pusilánime que nunca se me antojó falto de ánimo (más bien me suena a violencia); o frugal que siempre lo entendí como copioso, cuando significa poco abundante (¿o es al revés?)
¡Ay, que me pierdo!, ya me estoy dispersando y apenas llevo dos párrafos. Digo que uno debería vivir como si ya estuviese muerto. La variante -escribir por vivir- sí que es propia, a menos que alguno de los seiscientos mil millones de mis ancestros la hubiese pronunciado, escrito o, incluso, imaginado anteriormente (en cual caso, no duden en escribirme a yolopenseantes@yahoo.com; prometo subsanar el error histórico).
Comencé a vivir de manera póstuma hace unos años; no podría fijar el momento exacto, más bien se trató de un proceso suspendido en el tiempo. Más tarde leí en El lobo estepario un párrafo que no recuerdo ni pienso buscarlo para citarlo (si pretendo escribir un libro de memorias no recabar datos que he olvidado). Venía a decir algo así como que si el suicida logra frenar las ansías de acabar con su vida, puede llegar a la máxima plenitud durante el resto de su existencia. La vida comienza entonces a adquirir profundidad, cualquier actividad cobra un peso relevante (el reencuentro con un amigo, un paseo por un parque, una visita a un museo). En la vida póstuma, uno tiene la sensación de estar experimentando con la existencia de otro, como si se la hubiesen prestado o alquilado a bajo precio. Nada mejor que pensar en la vida propia como ajena, pues desaparecen miedos y complejos que agarrotan la existencia. El hecho de estar vivo adquiere entonces cierto aire de despreocupación, donde nada resulta realmente importante. Se asume cada segundo como el último, ante la convicción de que en cualquier momento pudiese regresar el propietario de esa existencia prestada para que le fuera devuelta.
(A estas alturas, cualquier editor o crítico con un mínimo de rigor ya habrá abandonado la idea de seguir leyendo este manuscrito. Lo entiendo, no pasa nada. Espero por lo menos me envíen una carta donde me agradezcan mi intento de formar parte del catálogo de su editorial o conseguir una reseña en su revista literaria. Casi mejor quedarme sólo con ustedes, lectores llanos e ignorantes -les guiño un ojo, les beso los labios, escupo en sus pechos- porque, liberado de la presión de ser juzgado por la sabiduría de críticos y editores, me siento capacitado para plasmar lo que realmente quiero contarles). Sigo.
A partir de ahí, se produce una progresiva aceptación de la condición de suicida permanente, capaz de aguantar estoicamente el insoportable absurdo de seguir vivo. En la vida póstuma, se aspira a que cualquier actividad adquiriera dimensiones epopéyicas, de tintes místicos, por lo que el suicida comienza a desentenderse paulatinamente de sus obligaciones más mundanas, como la visita a entidades bancarias, la asistencia a bodas y bautizos, la búsqueda de aparcamiento, la renovación del carné de identidad, las colas en el supermercado, el uso de interné y móviles o, incluso, tareas más elementales, como alimenticias o higiénicas. Los síntomas son conocidos (para los que lo han experimentado): uno deja de sentirse hombre o mujer, blanco o negro, nacionalista o apátrida, guapo o feo, creyente o ateo, del Madrid o el Barcelona, para concebirse como una insignificante partícula molecular –o molécula particular-que pulula en la inmensidad del espacio cósmico. Liberado de la enfarragosa tarea de emitir opiniones, juicios o impresiones, se introduce en una especie de relativismo mágico donde adquiere una inquietante plenitud. Siente que la felicidad suprema está a la misma distancia que la extrema tristeza, incluso puede llegar a confundirlas, por lo que trata de encontrar un estado de equilibrio donde, ni una ni otra, se asomen demasiado. Paulatinamente, comienza a perder contacto con lo que se conoce como realidad. Asume que la verdad es la mentira perfecta, la más difícil de desarmar, por lo que practica un juego de mentiras para resultar lo más sincero posible. Empieza a sentirse más incomprensible que incomprendido. Nótese la diferencia. El incomprendido puede aguantar su postura en sociedad (incluso se comporta con aires de superioridad, donde si los demás no le comprenden es porque todavía no se han enterado); para el incomprensible es totalmente imposible soportar su condición. Es entonces cuando inicia una fuga sin fin, un zangoloteo inexplicable a juicios ajenos. Piensa que estar en todos lados es la única forma posible de no estar en ninguno. Se ausenta, vive en otra parte que inventa. Construye rascacielos –valga la metáfora- que destruye de un plumazo por una propensión enfermiza a la provisionalidad de sus actos. No soporta la densidad de la rutina, el hedor de las costumbres, de ninguna de ellas. Aparece y desaparece como ente fantasmagórico, no fija lugar de residencia ni trabajo estable, se desprende de bienes materiales que supongan un lastre en su transitar, mantiene una relación de amor-odio con las heces esclafadas en sus calzones, duerme en camas ajenas, improvisa armarios con cajas de tomates y espejos con cristales rotos, no sostiene relaciones de cotidianeidad, asume que el porvenir ya no está por llegar. Nunca se despide porque sabe que, tarde o temprano, estará de vuelta. Respeta las distancias, exprime los reencuentros. Sus allegados se lo imaginan inmiscuido en actividades importantes, cuando lo cierto es que pasa cada vez más tiempo en posición tumbada, se despierta tarde, en habitaciones de persianas estropeadas, hasta que sus ojos escuecen de tanto permanecer cerrados; a veces, se descubre poniéndose el pijama a las cuatro de la tarde. El ser póstumo comienza a postergar citas (algunas de manera eterna), a eludir toda clase de responsabilidades de carácter social. En este sentido, podríamos hablar de un ser más inadaptable que inadaptado (los parámetros diferenciales son semejantes a la dicotomía incomprensible-incomprendido). Porque no se trata de un ser insociable, al contrario, su condición de vivo en calidad de prestado le otorga una habilidad pasmosa para las relaciones sociales; al no reconocer su yo como propio, consigue con facilidad transformarlo al gusto de sus interlocutores, que gozan ante él una aliviadora sensación de libertad. Pero su asombrosa capacidad para entender cualquier postura humana se acaba volviendo en su contra: acaba por no comprender a nadie. Inicia entonces un progresivo proceso que podríamos llamar (des)sociabilizador: no se siente solo, se sabe aislado. Y es entonces cuando sonríe al ritmo del sonido de gaitas y susurros de duendes que se acumulan en su cerebro. PI

Arthur Cravan

Me encontré este artículo sobre Cravan en un diario mexicano... de un tal Paco Chiclán

Replicante (consumo y espectáculo)

Ya llega Replicante, pronto en los principales tianguis mexicanos

Estellés euskaraz

Estamos editando una antología bilingüe valenciana-vasca de Vicent Andrés Estellés, con selección de Héctor Arnau y traducción de Gerardo Markuleta. Os regalamos aquí unos versos en vasco del gran poeta de Burjassot, para el que sepa leerlo...

OIHUA ETA GAUA

Consirós cant e planc e plor.
Guillem de Bergada

Bizi guztirako doluz diren familiak.
Gerra, gerraostea… Gogoan dut ama hura:
ez zioten esan semea gerran hila zela
Terueleko frontean. Besterik gabe esan zioten:
“desagertu egin da”. Eta gerra pasatu zuen
semearen zain. Eta gerra amaitu zen
eta semearen zain zegoen. Eta mahaia atondu zuen,
ohean ere izara berriak jarri zizkion,
eta atean zain egoten zen. Ez du deus jakin semeaz.
Hil ote zen? Ez da jakin. Besterik gabe, desagertua.
Etxean giltzapetu zen guztiz. Gogoan ditut
emakumearen oihuak. Aldekoek atea jo,
eta berak aterik irekitzen ez. Non zen bere semea?
Hil bazuten, non hil zuten? O, gerraren kontuak!
Nork jakin? Bizi guztirako doluz
diren familiak. Gerra, gerraostea…

Forrarte es solidario (foto de Liz Icedo)


Por cada mil pesos en décimos de loteria entregan una bolsita de frijoles a la comunidad indígena de turno (¿por qué frijoles, si es lo único que les sobra?)

10 feb. 2008

BAO BAB


ya pasó el susto inicial...



Aquí me encuentro más relajado después de la anestesia...

Lucha entre blancas y negras

Alekihne vs Capablanca

Bodegón Azul 2

Esta obra es del artista payo comprometido con la causa chechena:Enrique Ferrando Pérez

Miguel Ventura

Migue haciéndose pasar por niño vietnamita cayéndole un bodegón

Mis empastes o el destino de mis dientes

aquí aparezco en la consulta al dentista tal dia como hoy, hace cosa de 102 años...