14 jun. 2008

Me gusta escribir (pero tampoco tanto)

Desde que en mi entorno social se corrió la voz de que escribo me solicitan colaboraciones para diferentes propuestas a cual más bizarra. Se creen que escribir puede resultar un hobby fácil y saludable, cuando en realidad es uno de las mayores sufrimientos sadomasoquistas que se pueden practicar, junto a lo de meterse clavos ardiendo por el trasero. Ayer estuve en el 50 aniversario de mi colegio y comprobé que no es bueno llevar el rol de escritorzuelo a tiempo completo. Unos jóvenes catalanistas quieren que escriba un tratado sobre nacionalismo inteligente para su fanzine subversivo; mi ex maestra de latín me solicita una colaboración para la revista del instituto donde desperdicié esperma y conocimientos; el concejal de Cementerios me ofrece media página desde la tribuna del boletín oficial del Ayuntamiento; una ex compañera de pupitre que se ha montado una agencia de viajes quiere publicar una revista de aventuras y te-las-cuento-luego; un escultorzuelo me comenta que a ver si le escribo el epitafio para un catálogo en papel couché y portadas de cuero.
No hay nada peor que convertirse en escribiente de panfletos, soflamas y manifiestos. Uno se siente puto haciendo uso soez y descarado de palabras descargadas sobre el papel como una macabra masturbación de dimes y donde dije Diego. Esto me recuerda que, cuando era pequeño, entre mis allegados se rumoreaba que yo era de la Real Sociedad (algo que era cierto, pero tampoco tanto). Durante varios años lo tuvieron fácil para hacerme regalos en mis cumpleaños: que si la camiseta txuri-urdin, que si el póster de la Real, que si el himno en CD, que si una pelota firmada por Orbegozo, que si dos entradas para un Hércules-Real Sociedad, que si un trozo del césped del campo de Atotxa, que si una percha robada de sus vestuarios. A los quince años tuve que leer un comunicado donde, abrumado de regalos futboleros, me desvinculaba para siempre de mi laxa afición al club donostiarra.
Con la escritura me está pasando algo parecido. Vale que a veces me siento y escribo. Pero temo convertirme en una ramera literaria que acabará despreciando lo que empezó como un divertido juego.

1 comentario:

Pablo dijo...

Y trabajas en esquina Bostezo y sólo cobras cinco euros: ¡se te van a rifar!