28 ago. 2008

A Héctor, el poeta que llevamos dentro

Como nosotros pocos
y todos muertos

Ahora que jugamos a padel, que nos encontramos con antiguas novias que nos cuentan con tímido descaro (muy estudiado) lo de su efímera relación con un amante ex-yugoslavo, mientras nos miran con cara de fastidio: "jo, con lo bueno que hubiera sido". Ahora que echamos la vista atrás para saber lo que seremos (al fin y al cabo, el futuro se fabrica en el pasado) y nos ponemos alegremente a disposición del destino para subirnos a aviones con la vaga esperanza de que, un día más, nosotros tampoco seremos los muertos.
Ahora que contemplamos nuestras putrefactas carnes sudando en un vestuario frente al Mediterráneo, que hablamos valenciano con el desparpajo de saber que nuestra propia lengua siempre será extranjera, ahora que cumplimos los plazos, que nos emborrachamos por gusto (antes fue por asco), ahora que hemos aprendido a disimular el gesto para esconder nuestra cara de auténticos berracos, que ya no aspiramos a formar parte del estrellato, ahora que caminamos con la ridícula seguridad que otorga haber vivido más de lo estrictamente necesario, que hemos sabido resistir las golosas tentaciones de establecer nuestros traseros en cómodas sillas destinadas a apoltronar cerebros, ahora que te veo, tan mastuerzo y tan necio... ahora que tengo un rato para pensar en ello, me siento satisfecho de tenerte cerca en esto. A tu manera, según tu ritmo. Gracias.

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