2 mar. 2008

El rosa no es color para según qué casos

Tengo un amigo que me cuenta anécdotas y avatares de su oficio. Aunque reconoce que la mayor parte del tiempo es rutinario, de vez en cuando salta la chispa. La otra noche me relataba sucesos, entre los que recuerdo el de un rumano sin brazos atropellado por un tren mientras pedaleaba en bicicleta (sobrevivió) o el caso de violencia de ¿genero? entre una pareja de lesbianas. Pero el que se me quedó marcado fue el de ese chaval que, después de varios años en el trullo, sale de prisión y se dirige a su barrio-guetto, donde sabe que le espera un recibimiento en loor (y olor) de multitudes. Le acompaña un amigo que ha ido a recogerle en motocicleta. La policía les hace el alto, pues el recién liberado viaja sin casco reglamentario. Lo más extraño es que lleva uno amarrado al brazo. Cuando la autoridad le pregunta por qué no hace uso del casco, el muchacho explica: “Es que es de color rosa”. Claro, lo estoy viendo: el héroe de sus hermanos y primos pequeños, el bribón número uno, el macho más macho, el ex -presidiario (condición que, según dónde, otorga caché) llegando a su barrio chungo armado de un casco rosita. El recibimiento caluroso de los suyos reconvertido en mofa burlesca por llegar parapetado de un casco de ese color estigmatizado socialmente –reconozcámoslo- como repipi y hortera. Claro que el rosa no pega con su rol de malandrín. Me lo imagino entrando en su barrio con el casco puesto. Y los comentarios y risitas por lo bajini de los suyos. Empatizo con el muchacho y me da lástima. No es justo que un casco rosa le joda sus quince minutos de gloria. Que lo único que debe valer la pena de comerse varios años de prisión es el recibimiento a la salida. Y no es cuestión de pasar de héroe efímero a hazmerreír de familia, amistades y sus ligues. También los malotes tienen que mantener cierta decencia para sostener el status que se han ganado con marrullerías, pequeños hurtos de gasolinera y algún tirón de bolso. Y, para ellos, el rosa no pega nada con el místicismo canalla que envuelve a un granuja recién salido del talego. Deberían de perdonarle la multa. Por humanidad.

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