29 abr. 2008

No puedo con la Montero

Sé que se ha convertido en un blanco fácil pero es que la columnista Rosa Montero me provoca una repulsa morbosa (me pasa lo mismo con Ana Botella, pero en otros términos)… aunque detesto su estilo panfletario no puedo dejar de leerla (¿lo hará a propósito?). Deberían de darle el premio al Periodismo Lacrimógeno. Hoy se presenta como defensora de la diversidad eco-lingüística (el prefijo eco- se ha convertido en salvaguarda ética: eco-contaminantes, eco-revista, eco-central nuclear) con la misma eco-desfachatez con la que otros días se declara adalid de la causa saharaui, de las ballenas canadienses o del vecindario del barrio sevillano de La Paloma. La inocua solidaridad de la Montero no conoce fronteras. Al menos debería apagar el aire acondicionado mientras escribe sus textos, porque se percibe demasiado su postura aburguesada-buen-rollera; me la imagino en ropa interior por su casa, camino al ordenador mientras piensa: “A ver a qué eco-causa me adscribo hoy”… sus textos son una mezcla de anécdotas extraídas de google y frases con tonadilla humanitaria como “acongoja imaginar esa gigantesca masacre silenciosa” o “me irrita profundamente el abandono que sufren esos animales”. Esta eco-mujer no tiene remedio. Lo preocupante es que siga siendo una de las columnistas referentes de uno de los periódicos supuestamente respetables de este eco-país. Lamentable.

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